La Actitud Azul en la historia
Benjamin Franklin
En la América Colonial los relámpagos causaban verdaderos destrozos en las casas y barcos que, en aquella época, eran de madera. Hasta que, en plena tormenta hizo volar valientemente una cometa con una llave de metal atada, pretendiendo atraer los rayos. Su nombre era Benjamin Franklin.
Si no fuese por su Actitud Azul, hoy en día no existiría el pararrayos.
Su afición por los temas científicos dio comienzo a mediados del siglo XVIII, y coincidió con el comienzo de su actividad política. Estuvo claramente influido por científicos coetáneos como Isaac Newton.
A partir de 1747 se dedicó principalmente al estudio de los fenómenos eléctricos y enunció el Principio de conservación de la electricidad. De sus estudios nace su obra científica más destacada, Experimentos y observaciones sobre electricidad.
En 1752 lleva a cabo en Filadelfia su famoso experimento con la cometa. Ató una cometa con esqueleto de metal a un hilo de seda, en cuyo extremo llevaba una llave también metálica. Haciéndola volar un día de tormenta, confirmó que la llave se cargaba de electricidad, demostrando así que las nubes están cargadas de electricidad y los rayos son descargas eléctricas. Gracias a este experimento creó su más famoso invento, el pararrayos. A partir de ahí, se instalaron por todo el estado, llegando a Europa en la década de los 60.
Además del pararrayos, inventó también el llamado horno de Franklin; las lentes bifocales, para su propio uso; el cuentakilómetros; las aletas de nadador, la armónica de cristal... Estudió también las corrientes oceánicas calientes de la costa Este de Norteamérica, siendo el primero en describir la Corriente del Golfo.






























































